Fernando Bañó Ferrando – biografía 1

FERNANDO BAÑÓ FERRANDO (1922 - 2013)

Muchos cantantes que brillaron en la ópera y la zarzuela (lo que hemos dicho muchas veces), salieron del pueblo y pertenecieron a las clases más humildes. Uno de ellos fue este tenor. Por sus sobresalientes facultades cayeron sobre él todos los tópicos al uso mil veces repetidos como “diamante sin pulir” y “voz de oro”. Lo que estas hiperbólicas comparaciones querían decir eran en su caso, justas. Necesitaba, claro es, estudio. Sólo así su voz de gran volumen y timbre brillante podría lucir con generosidad si ánimo y tesón no le faltaban. Y no hay duda de que los tuvo, porque allá por los años cuarenta, su presencia fue frecuente en muchas temporadas junto a las grandes figuras que le reconocieron como un valor positivo.

Fernando Bañó Ferrando nació en el pueblo alicantino de Vergel el 22 de marzo de 1922. El bello nombre de esta localidad responde al lugar donde se encuentra. Tiene un paisaje risueño y luminoso y está lleno de campos de naranjos. Durante la floración, el aire extiende y envuelve el caserío en el embriagador perfume del azahar. No pudo pues tener el futuro tenor un nacimiento más poético. Durante la adolescencia, Bañó se dedicó a las labores del campo y al pastoreo por Segaria y la Penya Rotja. Allí entonaba canciones que se escuchaban a larga distancia. No tanto como las de su abuelo materno que llegaban hasta el pueblo cuando trillaba en la era. Por eso le llamaban, con exageración el Gayarre ignorando que el navarro no se hizo famoso por tales alardes, sino por cantar finito y entonado. El nieto no supo nada de lo que podía esperarle hasta que ya mozo y cumplido el servicio militar, alguien de su pueblo mostró interés por él y con la ayuda de las autoridades le acompañó a Valencia para que le oyera el tenor Antonio Cortis. Este, ya retirado, mantenía una existencia oscura por razones políticas, injusto final de sus noches triunfales en Norteamérica. Al tener ante sí al novel cantante le pidió que cantara algo. Escuchó con atención y tras hacer elogios de su voz le aconsejó que cuanto antes tomara lecciones de música y canto. Así lo hizo en el conservatorio valenciano. Fue su maestro don Francisco Andrés Romero, el más prestigioso de la región. De él aprendió, pronto y bien, a eliminar los defectos y al tiempo adquirir cuantas cualidades podían embellecer su voz. Las primeras actuaciones fueron una serie de conciertos por las poblaciones más importantes de Valencia y Alicante en los que los aficionados no cesaron de aclamarle. Se habló mucho de él y siempre con elogio.

Hasta principios del año 1949 no hizo su presentación profesional en la zarzuela. Esto sucedió en el Teatro Apolo de Valencia con la compañía del gran barítono Francisco Bosch. La obra elegida fue La Dolorosa. Como dato curioso diremos que allí todos los días probaban tenores. Sólo duraban una noche, Bañó consiguió prolongar sus actuaciones ayudado los aplausos del público. En marzo de aquel mismo año recorrió muchos teatros de Valencia y Alicante con la compañía de Antón Navarro y consiguió grandes éxitos en la Dolorosa, Katiuska, Luisa Fernanda y otras famosas zarzuelas. Luego, ya adquirido renombre, se contrató con la compañía de María Creus y Pablo Civil para una larga gira, la cual le sirvió para ampliar su repertorio. A punto de cumplir el compromiso llegó a Valencia el maestro Pablo Sorozábal con su formación. Consiguió que el gran compositor le escuchara y como resultado de la audición le contrató. Al lado de excelentes cantantes cantó todo el repertorio de este músico durante cerca de un año por el norte de España con el sueldo de cien pesetas diarias. Terminada la prolongada temporada contrajo matrimonio y abandonó temporalmente la escena. Así habría seguido si Manuel Abad y Eladio Cuevas no le hubieran obligado amistosamente a que volviera. Y lo hizo a su lado durante seis meses por distintas capitales con las zarzuelas más en boga. Después, al barítono Luís Sagi Vela que acababa de llegar le hablaron muy bien de Bañó y como necesitaba un buen tenor para reorganizar su compañía llegóse hasta Alcoy en su busca. Tras escucharle le contrató para la temporada 1953-54, la cual con excelentes éxitos dio fin en Barcelona. Bañó alcanzó en el teatro Cómico donde actuaban tan grande triunfo con Marina que juntos la grabaron, así como La Viuda Alegre.

Al año siguiente, Fernando acompañó al eminente Marcos Redondo en su gira de despedida por España. Antes de finalizar ésta, fue contratado por el entusiasta empresario Faustino García que impulsaba nuestra zarzuela por los países hermanos de Sudmérica. Mientras preparaba lo necesario para el largo viaje, aún tuvo tiempo para participar en las representaciones de Doña Francisquita que se celebraron en el Teatro de la Zarzuela de Madrid alternando en el protagonista con Alfredo Kraus. Todo el año 1957 duraron sus actuaciones por las repúblicas hispanas interpretando las más conocidas obras del extenso repertorio lírico, lo mismo grande que chico. Gustó tanto que volvió en 1958 y 1962. También cantó en la radio y en la televisión y grabó numerosos discos, entre ellos una notable versión de La Tabernera del Puerto. Pero los grandes arrestos vocales de que hacía alarde en escena, no estaban de acuerdo con su naturaleza física. Un día, al terminar el último contrato regresó a España y dio fin a su vida artística retirándose a Alcoy donde montó un negocio. No por ello ha olvidado la Zarzuela, porque dedica parte de su tiempo a la enseñanza del canto con la esperanza de descubrir a otro tenor. De la semilla nace el fruto.

Extraído de:

OTROS CIEN CANTANTES ESPAÑOLES DE ÓPERA Y ZARZUELA (siglos XIX y XX)

Ediciones Lira 1997